miércoles, 29 de junio de 2016

ECONOMIA DEL DIVAN - Entrevista a Merlina y Pericles



Quería contarles que yo he conocido a Merlina y a Pericles y no me estoy refiriendo a los hijos de Los Locos Addams (el Pericles de la serie original falleció y Merlina… bueno… está crecida). Hablo de Merlina y Pericles, los estudiantes de macroeconomía que leyeron Economía al Diván, el libro de Pablo Mira, y que fueron sus alumnos. Los alguna vez amigos son ahora pareja, y están a punto de recibirse. Merlina y Pericles son los únicos humanos conocidos que lograron terminar de leer ese libro, así que me tomé el atrevimiento de entrevistarlos, para ver qué opinaban sobre él.

GR: Cómo fue la experiencia, en general?
Pericles: Terrible!!!! Pablo nos obligaba a leer página por página bajo la amenaza de bocharnos.
Merlina: Tal cual, Pablo nos inflingió enormes costos psicológicos. Él de eso sabe bastante y lo usó contra nosotros.

GR: A ver si entiendo. Ustedes no escribieron esos intermedios entre capítulos tan divertidos donde se cuentan las principales ideas de cada uno de ellos?
M: Ponele. Hubo apremios ilegales, como que nos amenazaba con ponernos un 2. El tipo nos sentaba al fondo de la clase y si al finalizar las dos horas de dictado de la materia no terminábamos, íbamos a recursar la materia.

GR: Pero cómo al fondo de la clase? No discuten el libro en el Café de las Ciencias?
P: Pero no viste que ese café cerró hace años? Lo inventó para hacerle creer a los lectores que nosotros disfrutábamos haciendo chistes y tomando café.

GR: Pero el libro les gustó o no?
P: Es pasable. Toda la primera parte donde se discute la crisis internacional y la crisis teórica es bastante entretenida. Las macanas que se mandan los economistas…
M: Sí, esa parte sí. Y los experimentos que hace están piolas también… Pero no debemos olvidar que esto se hizo bajo presión a alumnos en total estado de indefensión!

GR: Ok, ok. Y qué pasa más adelante?
M: Ah, después te cuenta esto de la economía de la conducta. Te matás de risa con los sesgos cognitivos que tenemos.
P: Sí, de racionales poco y nada. Eso está clarísimo… Pero lo que fue irracional fue la actitud de Pablo de forzarnos a hacer lo que hicimos. Imperdonable.

GR: Ahora, esto ya se hizo mucho, no? Qué plantea de nuevo el libro de Pablo?
P: Y, el tipo hace macro. Quiere aplicar sesgos a la macro. Le sale bastante bien, la verdad.
M: No, te digo que esas aplicaciones está reclaras. Desempleo, inflación, inversión, todo se ve diferente. Pero la parte más interesante es la de las crisis. Y crisis es lo que nos agarró cuando nos eligió para hacer este trabajo horrible!

GR: Bue, no parece para tanto chicos… Y cómo es eso de las crisis?
M: La crisis financiera de 2009, por ejemplo, tuvo claros sesgos “financieros”, porque la precedió una burbuja especulativa, y allí los humanos mostramos nuestro flanco más débil: nos creemos historias, nos tentamos a gastar, obviamos evidencia contraria a nuestros intereses, apostamos de más sin saber.
P: Sin saber que si no leíamos lo que él quería, nos enchufaba un bochazo, Merlina!

GR: Ajá, y alguna aplicación a la economía argentina?
P: Sí, está esta idea de la psicología de crisis. Nos “preparamos” para una crisis cada cierta cantidad de años, y esto afecta nuestras decisiones.
M: Y no te olvides del stop-go, Pericles. Siempre nos pasa que cada vez que nos quedamos sin dólares explota una crisis. Allí hay un problema que tiene que ver con un gasto en dólares (consumo y/o inversión) desasociado de los ingresos en dólares. De esos dos, el que más fluctúa es el gasto en dólares. Ahora, vos gastás en dólares de acuerdo a lo que creés que ganas y vas a seguir ganando en dólares. Y nuestros sesgos psicológicos te inducen a gastar de más en dólares.

GR: O sea que, después de todo, lo que propone Pablo es que es necesario “ajustar”…
M: En realidad, más o menos. Los que se tientan y pueden gastar de más son los más ricos. Entonces lo que necesitamos es cuidar el gasto, pero el de los más ricos. Y los ajustes no siempre son en ese sentido.

GR: Se pueden aplicar estas ideas a la coyuntura reciente?
P: Los sesgos se activan con determinados contextos macro. Por ejemplo, si es cierto que los desequilibrios se inducen por el gasto de los más ricos, un empeoramiento de la distribución del ingreso te puede complicar. En los 2000s esto se moderó y la economía, si bien empezó a observar problemas, funcionó bien más tiempo del esperado.
M: La inflación alta y volátil es otro problema a atacar. Si bien hasta ahora el problema no fue dramático, hay que evitar que se espiralice porque los costos en términos de fallos de las decisiones ante una inflación volátil son enormes… Inflación de nota es lo que íbamos a necesitar nosotros si nos clavaba el dos, este tirano.

GR: Por lo que veo, ustedes se quejan mucho pero al final tan mal no la pasaron. Pero ustedes estudian economía ¿Este es un libro solo para especialistas?
P: Es un libro para todo el que esté interesado en las discusiones macro. Está escrito divulgativamente y con ejemplos y apartados que lo hacen ameno. Pero también tiene alguna apuesta conceptual que puede ser interesante debatir. Y estamos nosotros!
M: Sí, al final tan mal no estuvo, no?
P: Seee, y nos dio la oportunidad de conocernos mejor.
M: Ahhh, que lindo lo que decís. Que suerte que nos propuso leerlo juntos.
P: Sí, fue lo mejor que nos pasó en la vida.

Merlina y Pericles, sesgados por su visión de que obligarlos a leer es siempre un mala idea, se dan cuenta ahora de que nada fue tan malo. Pruebe usted tambien, señor lector.



viernes, 17 de junio de 2016

ENVIDIA DE LA ECONOMIA A LA FISICA, PARTE II: PREDICIENDO CRISIS

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Con cada crisis se propaga la sensación de que la economía no ha logrado descifrar siquiera los aspectos esenciales del comportamiento macroeconómico. Las críticas de especialistas y no especialistas suelen apuntar a “la falta de realismo” de los modelos estándar, reproches que en la física de partículas moderna estarían vedados por definición.

En los últimos años varios economistas famosos realizaron afirmaciones rimbombantes que anunciaban un presunto estado de consenso científico definitivo de los principales problemas macroeconómicos y su solución. El nóbel Robert Lucas (2003), en la reunión anual de la American Economic Association indicó que “el problema central de la prevención de las depresiones ha sido resuelto, para todo propósito práctico”. Thomas Sargent, colega dilecto de Lucas en la construcción de la macroeconomía moderna, opinó en un reportaje en 2010 que las críticas se debían “a una ignorancia penosa o a un menosprecio intencional” Y Olivier Blanchard (2009) afirmó poco antes de la crisis, refiriéndose a la teoría macroeconómica mainstream que “El estado de la macro es bueno”.

Esta declaraciones fueron pulverizadas por los eventos de 2009, y siendo que cada crisis reduce no linealmente el prestigio de la profesión, la mayor crisis desde los 30s generó una oleada de críticas tanto de expertos como de legos. Además de tener que escuchar afirmaciones fuera de lugar, la reacción se justifica porque las crisis se asemejan demasiado entre sí, tanto en sus causas como en sus consecuencias, como para que los economistas nos sigamos haciendo los dolobus.

Algunos economistas tradicionales se refirieron a este tipo de críticas como un ejemplo de vulgaridad e ignorancia de quien pregunta. Una de las respuestas favoritas es que la acusación de que las crisis no se anticipan es inconducente y que anticipar una crisis no es posible (Lucas, 2009).

El argumento requiere algunas aclaraciones porque se puede referir a más de una idea. Se puede estar afirmando que en realidad un economista no puede anticipar una crisis en una fecha más o menos cierta. Mmm. Cada una de las últimas crisis han tenido su respectivo “gurú”, y no estamos hablando de personajes esotéricos, sino de economistas conocidos. En la crisis de 1995 en México, el tal gurú fue Guillermo Calvo. En 2008-2009, sumamos a la lista a Robert Shiller, Nouriel Roubini o Wynne Godley. La mayoría de estos economistas no apostaron a que se produciría una crisis como un anticipo premonitorio azaroso, sino que las anticiparon con fundamentos, sobre la base de tendencias identificables de las variables relevantes. Pese a que varios economistas previeron estas crisis, esto no las evitó.

La otra opción es que el argumento considera que en el caso que un economista muy sagaz logre detectar una fecha más o menos cercana a la crisis, en tales circunstancias la crisis no se produciría, presumiblemente porque los mercados o los gobiernos actuarían para evitarla. Este argumento presupone dos cosas. Una es que nuestro economista previsor tenga la capacidad de convencer a sus colegas, y la otra que una vez convencida la profesión, ella tenga la capacidad de influir sea en los mercados (que llamaremos versión neoclásica del argumento), sea en las políticas gubernamentales (la versión intervencionista del argumento).

Asumamos que se cumple la primera condición, y que el pronosticador tiene suficiente prestigio para convencer a sus pares. Ahora pasemos a la fase de convencimiento de los actores que pueden modificar el rumbo de una potencial crisis. En la versión neoclásica del argumento, se supone que un conjunto de inversionistas es capaz de llevar a cabo un arbitraje anticipando que los precios del mercado están a punto de sufrir un colapso, vendiendo a tiempo. Pero si la información es pública y los precios de los activos estaban demasiado altos, esto no evitará la crisis, solo la acelerará en el tiempo.

Más aun, esta lógica no puede aplicar en un mundo en el que rige la teoría de los mercados eficientes, según la cual los agentes utilizan eficazmente la información disponible para tomar las decisiones correctas. En este contexto nos encontramos con dos objeciones, una específica y otra general. La específica es que los mercados eficientes impiden que un economista, por más listo que sea, deduzca de la información pública un resultado que no esté reflejado ya en el precio de los activos. La objeción general es que en un mundo de mercados eficientes las “burbujas especulativas” simplemente no pueden existir, lo que hace borroso el propio concepto de crisis financiera.

La versión intervencionista asume que el gobierno tomará medidas preventivas para evitar la crisis. Pero los gobiernos suelen no tener demasiados incentivos para “desinflar” burbujas especulativas, como demostró el período reciente con la política monetaria de Ben Bernanke, que mantuvo las tasas de interés demasiado bajas durante demasiado tiempo. La razón es que durante la fase alcista la economía florece, debido a que los agentes beneficiados con las ganancias de capital financieras consumen más, creando una mayor actividad económica y un menor desempleo. De hecho, la propia literatura mainstream que estudia la política económica y la economía política ha tendido a enfatizar este tipo de comportamiento oportunista del gobierno.

Este es el estado de situación. Primero, hay ejemplos reales de que las crisis, o su tendencia, sí pueden ser previstas. Segundo, en determinados estadios de desarrollo de las burbujas especulativas, la crisis es difícil de evitar, aun cuando sea prevista. Y en algunas circunstancias, conocer las tendencias que pueden desembocar en una crisis solo pueden ayudar a anticiparla. La teoría macro mainstream refleja en sus modelos “consensuados” dos cosas: una, que las crisis casi no pueden ocurrir; dos, que en caso que se descubra tempranamente una trayectoria peligrosa los gobiernos harán poco para evitarla.

Por ende, la respuesta que refiere a que los economistas “no pueden predecir crisis porque si no no se producirían” es espuria y distractiva. En la práctica el problema es que los modelos macro de la mainstream simplemente no están diseñados para identificar casi ninguna situación de crisis (al menos tal como suelen aparecer en la práctica). Estos modelos, al estar siempre en equilibrio, no pueden acumular problemas (que es lo que ocurre cuando la economía se mantiene en desequilibrio), y por lo tanto no hay razón para que luego estalle una crisis. En las versiones más estilizadas de esos modelos, todos devuelven sus deudas, todos usan la información disponible racionalmente y todos hacen sus cálculos y proyecciones con las mejores herramientas que existen. Es un marco que no admite fallas.

¿Que nos ha llevado a esta situación? Plantear que la razón deviene de algún tipo de confabulación ideológica puede ser tentador, pero mi hipótesis es que no es lo principal de la historia. Mi hipótesis (que no probaré aquí) es que se volvió natural aceptar a priori aquellos papers formalmente “tratables”, porque gracias a esta propiedad esos modelos permiten extender la frontera del uso de las matemáticas, y así envidiar menos la formalización en la física. De forma tal que el origen de la inutilidad de estos modelos para ayudar a predecir y tratar con crisis es atribuible en parte a la modelización matemática abtrusa que utilizan, que terminan por perder de vista los problemas empíricos centrales a los que la disciplina debe dedicarse.

Los físicos, empezando por sus figuras más importantes, dudaron hasta último momento de las conclusiones poco intuitivas de la teoría cuántica, hasta que la extraordinaria evidencia en contra de la interpretación “realista” los obligó a cambiar de rumbo. La economía parece tomar el camino exactamente inverso: prevalece la modelización dogmática por sobre la intuición incluso a pesar de que la evidencia está en contra de sus predicciones, y a pesar de que su utilidad práctica para tratar los fenómenos más perniciosos es bajísima.


jueves, 9 de junio de 2016

ENVIDIA DE LA ECONOMÍA A LA FÍSICA: PARTE I

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Desde hace varias décadas la economía ha sufrido de physics envy, envidia a la física. La economía ha manifestado este pecado capital tomando prestado varios términos de la física; estimulando el reconocimiento a los economistas matemáticos por sobre los aplicados; y obligando para lograr una publicación en los journals de mayor prestigio a formalizar los modelos. Aquí la primera parte de un análisis envidioso de la cuestión.

Epistemología en la física moderna

La física teórica ya no es lo que era. En el pasado, los descubrimientos eran notables pero comprensibles si uno se tomaba su tiempo para racionalizarlos. Pero hoy cada avance nos resulta tan fantástico como impenetrable para nuestros sentidos. La principal responsable de este cambio es la física de partículas, donde la teoría cuántica sugiere, entre otras extravagancias, cosas tales como que las partículas “conocen” literalmente el estado del resto de las partículas del universo; que algunas de ellas viajan hacia atrás en el tiempo; y que hay partículas que realmente crean otras (como el bosón de Higgs, no por nada llamada la “partícula de Dios”). La física cuántica también ha dado lugar a conjeturas con implicancias filosóficas chocantes, como que el todo puede salir de la nada, o que no hemos de descartar la existencia de mundos paralelos. Pero las consecuencias de la teoría cuántica no son verdura. Se derivan rigurosamente del análisis científico, son escrutadas por una enorme cantidad de científicos en el mundo, y lograron una evidencia empírica envidiable para el resto de las ciencias.

La física de partículas ha resignado la intuición porque esta estrategia ya no era lucrativa para avanzar en los conocimientos. Si bien la formalización en física siempre fue ampliamente aceptada y exitosa, últimamente muchos físicos se sentían incómodos con el insuficiente “realismo” de las teorías. Esta situación obligó a concentrar los esfuerzos en el hallazgo de teorías concentrándose casi puramente en herramientas formales, prescindiendo de los experimentos mentales, que tan bien aplicaba Don Einstein. La consecuencia epistemológica parece ser que la física teórica moderna construye conocimiento a partir de principios más “popperianos”. Las teorías deben ahora descansar obligatoriamente en predicciones concretas, ya que hay poco lugar para discutir el “grado de realismo” de una hipótesis. Parece por tanto que finalmente el filtro falsacionista de Popper ha encontrado su lugar en el mundo.

La Envidia de la Economía a la Física

¿Cómo queda la epistemología de la economía en este nuevo estado de situación de la investigación en física? ¿Es posible especular que la ciencia económica, tan preocupada por asemejarse a la física teórica, pueda devenir también en una ciencia más popperiana, al menos en el sentido que le daba a esta afirmación Friedman?

Como dijimos, en la física de partículas la matemática no se utiliza per se, sino que es objeto de control y verificación mediante la evaluación empírica. Pero los economistas adoptan una epistemología diferente: pretenden hacer uso de las herramientas de formalización más avanzada (incluyendo a las aplicadas en física) sin la obligatoriedad de evaluar sus predicciones mediante criterios de falsabilidad. En rigor, cuando la realidad no se condice con los modelos formales de la economía, poco ocurre, y lo que la economía considera “leyes” o “principios” no son más que máximas tercamente defendidas con argumentos repetitivos y evidencia insuficiente.

Las tendencias tampoco han sido buenas. El amplio uso de las matemáticas en economía no ha conllevado una mayor rigurosidad empírica. Con esto no me refiero a los métodos teóricos de testeo cuantitativo (la econometría), que tuvo enormes avances, sino a la elaboración y aplicación de principios y criterios de aceptabilidad de la evidencia empírica. A diferencia de la física, la economía avanzó pretenciosamente en la matematización de su objeto de estudio, criticando de entrada toda consideración de “realismo”, como por ejemplo al resignar explicaciones del comportamiento humano (behavioral economics). La esperanza de que la modelización abstracta le valiera un mayor prestigio científico se contrapone a una dura realidad: luego de décadas de perfeccionamiento formal, no es posible hoy determinar qué teorías económicas son mejores y cuáles son peores desde un punto de vista puramente empírico.


En cualquier caso, lo que queremos criticar aquí no es la ausencia de teorías “verdaderas” o suficientemente bien documentadas (algo que quizás sea inevitable en el análisis económico), sino la pretensión de que la formalización pura y la utilización de criterios de las ciencias duras sea un atajo para lograrlo. 

En la parte II vamos a dar un ejemplo concreto de la envidia y los papelones de la economía con la crisis financiera internacional de 2009. No se vayan.

martes, 31 de mayo de 2016

LA FILOSÓFICA DEL FULBO

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Hace poco Santiago Gerchunoff (SG) publicó una nota fantástica sobre el Cholo Simeone y el cholismo. Filósofo y librero, SG se concentra en atacar la visión lírica y "filosofante" del fútbol, encabezada por Menotti, Cappa y Guardiola. Creo que es la patada inicial ideal para debatir sobre las dos posiciones antágonicas del fútbol: lirismo versus resultadismo. 

Antes de avanzar, una advertencia: en este debate doy por sentenciado que SG es el lírico y yo un picapiedra sin altura, así que a lo único a que aspiro es a no perder por goleada.

¿Belleza en el fútbol?

SG considera que hablar de belleza en el fútbol es pretencioso y fuera de lugar. Yo entiendo que pueda haber quienes exageren el punto, pero me resulta evidente que no nos interesan los deportes donde no haya alguna destreza o contorsión que remitan a lo artístico. En el caso del fútbol, a esto debe agregarse la demostración de virtuosismo al contrario, entendidas por los troncos como una "humillación" que merece ser vengada fuera de las reglas. Es el terco que, ante un buen argumento, acusa a quien lo esgrime de soberbio, porque eso es más cómodo que cambiar de posición.

Empíricamente, la belleza del fútbol (acompañada o no del "gaste" al contrario) ha sido una enorme fuente de felicidad. Nadie se acuerda de cómo salió el partido del caño de Riquelme a Yepes. Todos queremos ver cómo juega el 10 de un equipo. Y los compilados son de buenas jugadas (y lujos), nunca de los mejores relevos. 

Ganar, ganar, ganar

El mantra del resultadismo es, desde luego, que solo importa ganar. Como algunas ideologías exitosas, tiene a su favor la simplicidad de la afirmación. Pero de nuevo, las excepciones son notorias.

Salvarse del descenso, no salir campeón y ascender igual, y clasificar para una copa son casos evidentes. Pero hay más. Infinidad de segundos serán más recordados que los propios campeones. La Naranja Mecánica es la insignia, pero también está el Huracán subcampeón de Cappa, y todos los segundos puestos de Bielsa. Hoy debemos agregar, mal que le pese a SG, las brillantes campañas del Cholo de los últimos dos años, que aun sin títulos serán recordadas por mucho tiempo.

El colmo de la contradicción del resultadismo es que, finalmente, ellos no son los que obtienen los mejores resultados. Menotti en la selección tuvo 15 puntos porcentuales más de efectividad que Bilardo (que contó con los mejores años del Diego), así que al final todo el sufrimiento y el desagrado estético fue en vano.

¿El pobre Aleti?

Y hablando del Aleti, SG anota que el Cholo aspira a ganar teniendo peores jugadores que el adversario. Pero esta "filosofía" futbolística degrada injustamente al club. El Aleti se ubica entre los 20 equipos con mayor presupuesto del mundo y jugadores que, puesto por puesto, no son tan diferentes de los mejores. Qué necesidad de jugar con pataduras para ganarle a las estrellas. 

Y ni que hablar de la falsa obligación de tener que defender por contar con jugadores de menor jerarquía, falacia que destrozaron varios rabiosos equipos de Bielsa.

Fútbol y política

La relación entre estilo futbolístico y política creo que es una derivación (no fundamentada) de la discusión sobre belleza. Belleza es bueno, bondad es solidaridad, solidaridad es izquierda. Una fantochada, es cierto, pero esto es lo que parece surgir de los dichos de Menotti. 

Para SG, no se puede identificar ser de izquierda (él dice "de izquierdas", porque escribe para un diario español) con un culto a un ideología que alaba el talento individual. Pero me parece que la idea central del lirismo es la virtuosidad en general, sea individual o de equipo. "Formar pequeñas sociedades", decía el Flaco. "Tocar hasta dentro de la propia área chica", establece el código del Barsa. Bilardo, en cambio, fue en el 86 el campeón de la dependencia individual, de su estrella fundamental, sin quien jamás hubiera sido tan reconocido. 

El error cholista

Para mí hay un error teórico en el fútbol del Cholo. Si solo te importa ganar, tenés que maximizar las probabilidades de ganar, no jugar para igualarlas. Tener la pelota es condición necesaria para hacer un gol, pero además para minimizar los riesgos de que te vacunen. 

Dividir todas las pelotas equivale a embarrar la cancha, a jugar sobre el hielo, a tirar una moneda. El problema, obviamente, es que la mitad de las veces perdés. Y eso es mucho. Tanto que el Cholo se quedó sin nada, un resultado perfectamente factible dentro de su idiosincracia futbolística.






jueves, 26 de mayo de 2016

CHARLES PONZI, REY DE LAS BURBUJAS

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En otro post especulamos sobre algunas propiedades de las burbujas especulativas, pero no te contamos sobre los personajes que suelen aparecer en estas circunstancias. Cuando la burbuja se cae, o hay crisis, la mayoría se queja de los banqueros, los gobiernos y los estafadores. Muchas veces incluso se culpa del lío al propio sistema capitalista .

Pero a no confundirse, es cierto que las burbujas especulativas estimulan la aparición de estafas de alta gama. Pero éstos representan en realidad la expresión extrema de la conducta generalizada de todos los que participamos de la burbuja, que podemos ser muchos. Y si bien no todos ganamos la misma guita especulando, una burbuja no se debe a la mala leche de unos pocos, sino a la ambición de varios al mismo tiempo. 

Igual, no quiero aquí ponerme a repartir culpas, sino a contarles la particular historia de Charles Ponzi, el estafador más querido de la historia. Los dorados años veinte vieron nacer en los Estados Unidos a este inmigrante italiano que desembarcó sin un solo dólar en el bolsillo y logró conven­cer a media ciudad de Boston de que si le prestaban su dinero se los duplicaría en apenas tres meses. Presuntamente, Ponzi necesitaba capital para financiar un negocio que aprovecharía diferencias cambiarias en los cupones postales internacionales, que no estaban del todo arbitrados. 

Ponzi no ganó un solo dólar con su negocio, pero increíblemente igual cumplió su pro­mesa de pagar tremenda tasa de retorno. O no tan increíblemente, porque su verdadero negocio era pagar a los primeros inversores con la plata de los nuevos. La confianza de los primeros ganadores forta­leció la de aquellos que vendrían después y en un par de meses Ponzi manejaba una fortuna de 15 millones de dólares (de aquella época!), aunque claro... a los tres meses debía devolver el doble. 

A las pocas semanas de iniciada esta historia, la policía descubrió el fraude y Ponzi acabó en la cárcel. Casi cien años después, Bernard Madoff usó exactamente la misma estrategia, pero en otra escala: estafó a miles de personas por 50.000 millones de dólares y también acabó preso. La pregunta para vos, economista: ¿cómo es que se puede engañar a tanta gente al mismo tiempo? Van algunos tips:

Lo que seguro necesitás, para empezar, es cierto atractivo. Si querés que confíen en vos deberías lucir seguro y simpático, vestir bien, y ser lo más amables posible. Debés usar la jerga finan­ciera justa, sin mostrarte ignorante pero tampoco abusando demasiado de ella, para no espantar inversores con negocios que parezcan demasiado complicados, y por lo tanto poco factibles.

Tampoco es necesario convencer a todo el mundo. Estos encantadores financistas logran construir sus castillos en el aire no a partir de un convencimiento generalizado, sino persuadiendo a unos pocos ingenuos que se arriesgan a ingresar y ser los primeros. A ellos, por supuesto, les va muy bien (si salen a tiempo, son los verdaderos ganadores de la burbuja). Alcanzado el mínimo crítico de socios, otros se sentirán estúpi­dos de no participar de un negocio tan rentable. Pronto se acoplan los más ricos e incluso los más pobres, arriesgando lo poco que tienen. A Ponzi hasta los niños le rogaban que tomara sus pocos dólares como inversión.

En medio de la burbuja, se producen situaciones que rozan el ridículo: el Ponzi o Madoff de turno comienza a convertirse en una persona poderosa, no solo por su dinero sino por su poder mágico de mul­tiplicarlo. Ante una eventual mala noticia, los inversores no necesariamente corren a buscar su dinero y a veces incluso inten­tan defender a su héroe públicamente. Ponzi perdió credibilidad solo al ser dete­nido, pero durante los meses en los que fue investigado por las autoridades, las inversiones no eran retiradas y el público abucheaba cada intervención de la policía contra él. 

Esta reacción es entendible desde la racionalidad: si un inversor se da cuenta de que su capital forma parte de una burbuja que solo se sostiene con la confianza del resto, querrá evitar que explote. Por eso, un aportante que sabe positivamente que el esquema no tiene fundamento tiene pocos incentivos para salir a gritarlo. Demás está decir que este equilibrio es delicado, porque en algún momento cierta masa crítica de inversores desconfiados disparará una corrida y aca­bará con todo. Pero también vale la defensa a nivel emocional. Ponzi era un entrepreneur exitoso que prometía mucho más que los avaros y ricos banqueros. Se conectaba con la gente y la trataba personalmente, no a través de un frío vidrio.

Una característica interesante de estos esquemas (que se llaman, justamente, "esquemas ponzi") es que, pese a repetirse una y otra vez sin demasiados cambios, siguen funcionando. ¿Es este un caso similar al del chiste viejo que hace reír porque, pese a tratarse de la misma broma, el público se renueva? No exactamente. Si bien siem­pre hay incautos, los esquemas Ponzi son más que conocidos por el público. Pero la avaricia de la gente puede más. Pese a que la teoría económica se ha edificado a partir del supuesto de que los indivi­duos no pueden tropezar dos veces con la misma piedra, la naturaleza humana no es esa: cada nueva ola de optimismo viene acompañada de su “esta vez es diferente”, y la piedra nos hace tropezar una y otra vez.

La solución integral a estas estafas, tal como sucede con otros dilemas sociales, seguramente no exista. Una vez comenzado el fraude es difícil detectar al responsable, porque sus inversores pasan de engañados a virtuales socios. Por ende, no es esperable que una mayor información a disposición del público sobre los riesgos involucrados evite la aparición de nuevas estafas. No debemos esperar que un sistema financiero liberado funcione eficazmente con solo dotar de mayor información al público. Los carteles que avisan en los paquetes de cigarrillos que “fumar es perjudicial para la salud” quizás hayan ayudado a disminuir parcialmente el vicio, pero en el caso de los esquemas Ponzi el problema es más grave, porque lo prometido no es un rato de placer mientras tomamos un café, sino la salvación económica para toda la vida.

miércoles, 18 de mayo de 2016

UN PASEO NO ALEATORIO POR MIS BLOGS PREFERIDOS

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Los blogs, como casi todo, están pasando de moda. Comenzando por este, por supuesto. Pero desde Dos Tipos de Cambio queremos ejercer esa rebeldía inútil, y sobre todo estimular una costumbre que nos parece muy sana: leer más blogs que diarios. En esta breve nota les cuento mis preferencias blogueras, justificando claramente mi respuesta. Lo que sí, mis preferencias no son completas, ignoro mucho de lo bueno que debe haber por ahí. Avisen. (Una última aclaración, no siempre distingo blogs de sitios. No veo la diferencia.)

Blogs de ciencia

Empecemos por lo obvio, que es Scientific American, que no tiene un blog sino una colección de blogs. Lo bueno es que no suelen mandar fruta, lo malo que la ciencia posta es más aburrida que el boludeo. Los blogs de Science confirman esto con creces. 

En Wait but why te regalan curiosidades muy interesantes en formatos piolas. El blog Why Evolution is True, de Jerry Coyne, combina ciencia, ateísmo, escepticismo y filosofía de la ciencia en dosis muy acertadas. Un sitio que me agrada mucho es Edge, que incluye entrevistas a grandes personalidades de la ciencia, con videos y todo, tratando de ser lo más divulgativo posible. 

Los blogs de ciencia con onda hallan su máxima expresión en El Gato y la Caja, orgullo local, donde te tratan de "viejita" y endemientras te tiran ciencia a lo loco.


Blogs de economía (internacionales)

Acá sobran los blogs aburridísimos y los berretas. Pero hay los que no cumplen con ninguna de las dos condiciones. Tyler Cowen es bastante mainstream (el blog se llama Revolución Marginalista), y tiene un blog muy completo y al día con todos los temas. Noah Smith tiene un blog muy famoso donde dispara discusiones que rebotan mucho. Más abierto que don Cowen, para mí. 

Si te gusta el análisis teórico, el blog de David Glasner es una buena opción. La divulgación teórica reciente aparece casi toda en Voxeu. El IGM Forum tiene la gracia de preguntarle a muchos economistas famosos sobre temas concretos, para ver qué opina la profesión. Muy útil. 

Después están los blogs de economía con capacidades diferentes, tipo Freakonomics, Evonomics o Dan Ariely. Todo geniales.

Mi blog favorito de economía es Stumbling and Mumbling, de Chris Dillow que dice ser "un extremista, no un fanático". El tipo combina economía, ciencia y behavioral para analizar los temas con un pensamiento crítico y una amplitud que asombran.

Blogs de economía (locales)

Bueno, acá se arma... La mayoría de los blogs son conocidos. Muchos siguen la coyuntura, o publican opiniones y debates. Eso está bien, suma, pero no hay mucho que sea demasiado original. Otros, que prometían, se dejaron de actualizar. Creo que el que mejor entendió el juego es Lucas Llach, pero en lugar de seguir en lo que sabe se dedicó a la política monetaria :).

Cosas raras

Para los que tengan ganas de leer cosas interesantes NCP (no clasificadas en otra parte), pueden recalar en Alldaily, donde recopilan notas de todos los colores. También está Quora, donde encontrarás las preguntas más insólitas y sus respectivas respuestas, también locas. Del grupo de ateos relevantes, siempre es estimulante leer a Sam Harris, que te patea el cerebro seguido. Y si te interesa un club de lectura de historia universal, date una vuelta por acá.

Si hiciste el paseo con nosotros, habrás llegado a la misma conclusión: nada como este blog.




martes, 10 de mayo de 2016

BURBUJAS ESPECULATIVAS: THE ISSUES

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Un nóbel para todos y todos

Insólitamente, en 2013 la academia premió con un nóbel a dos economistas con visiones exactamente opuestas sobre el rol del sistema financiero. O no tan insólitamente, porque esto ya ocurrió en 1974, cuando galardonaron a Gunnar Myrdal (a favor de la planificación) y a Friedrick Hayek (en contra). Ahora el premio lo ganaron Eugene Fama, que defiende la eficiencia del sistema financiero por sobre sus riesgos, y Robert Shiller, que pondera riesgos sobre ganancias. No voy a teorízar aquí sobre la psicosis de los evaluadores, pero sí quiero explicar, para aquellos que no estén en tema, las ideas en pugna.

Burbujas Especulativas y la hipótesis de los mercados eficientes (HME)

Las diferencias entre Fama y Shiller son varias, pero la más importante es que el segundo asegura que las burbujas especulativas existen y son peligrosas, mientras que Fama ni siquiera acepta el concepto de burbuja. Dado que es muy fácil entender la posición de Shiller, detallemos un poco la de Fama.

Para este hombre, los precios de los activos (sean acciones, contratos sobre commodities o inmuebles) siempre reflejan la información disponible, y por lo tanto son precios de equilibrio. Nadie que sepa que una acción debe valer más (porque la empresa tiene buenas perspectivas) va a dejar de comprarla, y por lo tanto el precio debe aumentar rápidamente y alcanzar el equilibrio. Esta es, en dos palabras, la hipótesis de los mercados eficientes.

Esta teoría se basa en dos conceptos de racionalidad, uno individual y el otro colectivo. La racionalidad individual deviene de la capacidad de los agentes de estar informados y de usarla para calcular eficazmente el precio del activo. La racionalidad colectiva necesita que todos estén seguros de que todos actuarán racionalmente. Las dos son difíciles de cumplir, pero la segunda lo es mucho más. Si un inversor importante se equivoca y compra un activo inflando su precio artificialmente, no pasa nada mientras los otros sigan siendo racionales. Pero si el resto considera que las decisiones de ese inversor fueron racionales, esto puede confundir al resto y, eventualmente, generar una burbuja.

Críticas a la HME

La teoría de Fama no predice burbujas. Pero que las hay, las hay. Todos hemos visto una, y si bien no las podemos definir con precisión, si tiene cuatro patas, hocico, cola, y ladra... En general el principio es que si algo sube mucho y muy rápido, tiene buenas probabilidades de caer bruscamente después. Fama insiste en que para hablar de burbujas uno debe tener un modelo de cómo se comporta la gente, y luego comparar este modelo con la dinámica de precios del mercado. Por supuesto, muchos teóricos (incluyendo a Shiller) hicieron esto y demostraron que había burbujas. Pero esto no es todo. Muchos experimentos de laboratorio demuestran que los participantes, aun conociendo el valor “fundamental” del activo, producen burbujas especulativas, con el mismo formato que observamos en la realidad.

Como dijimos, un supuesto de la HME es la plena racionalidad individual. Pero como dijo Thaler, no somos Homo Economicus sino Homo Sapiens. Hay cientos de sesgos, pero los que importan para las finanzas son la excesiva confianza (el 80% de los conductores considera que maneja mejor que la mediana), y los sesgos de opinión (creemos que estamos más en lo cierto de lo que en realidad estamos). También joroban las limitaciones para calcular probabilidades (hay menos probabilidades de morir mordido por un tiburón que aplastado por partes de avión que caen del cielo, pero lo primero nos asusta mucho más). También nos afecta el sesgo de disponibilidad: nos gustan más las acciones con más prensa.

Además, los mercados no arbitran. Las colas de supermercados sí arbitran (¿vieron que son todas iguales?), pero los mercados financieros no siempre. Para ganar con el arbitraje hay que comprar cuando todos venden, y por lo tanto hay que bancar la parada mucho tiempo (¿cuando va a rebotar esta maldita acción?). Keynes dijo famosamente que la brecha de arbitraje puede mantenerse más tiempo del que podemos financiar.

La racionalidad colectiva (o expectativas racionales) también tiene problemas teóricos y prácticos. Preguntémosnos por un instante por qué un individuo A le compre una acción que cotiza en bolsa a otro B. Una razón son las expectativas discordantes: A piensa que la acción subirá, y B que bajará. Pero con expectativas racionales todos deberían forman las mismas expectativas. Si bien las expectativas discordantes no son la única razón por la que se comercializan acciones, si no fuera por ellas habría mucho menos transacciones de las que observamos. La práctica tampoco respalda a Fama. En mi curso de Macro II vengo realizando hace rato el siguiente experimento: que los chicos elijan un número del 0 al 100 al azar. El ganador será quien elija el número que se aproxime más al promedio elegido dividido 2. El equilibrio racional de este juego es cero (si todos elijen al azar, gana el 25. Si elijo el 25, gana el 12. Si elijo el 12, gana el 6, y así…), pero en general cuando desconocen el juego se gana eligiendo 11 o 12.

¿Y entonces qué hacemos?

Hay burbujas. Son peligrosas, y son explicables. Tampoco es tan difícil detectarlas: si los beneficios de un activo crecen mucho más que la tasa de ganancia promedio de la economía durante varios años, te vas a caer. Lo que sí, es difícil saber cuándo detonan, porque las propiedades de las burbujas son difíciles de entender. Son, como dice Taleb, un cisne negro.

Hay quienes sugieren alfabetizar financieramente a la gente para disminuir riesgos, pero yo desconfío del éxito de esta empresa. Limitar los capitales financieros tampoco es fácil porque inventan nuevos instrumentos que evaden las regulaciones todo el tiempo.Tampoco creo que la tecnología nos salve en el futuro, más bien todo lo contrario: los amagues de supernegocios rentables suelen basarse en quimeras tecnológicas.

Habiendo descartado otras soluciones, solo nos queda esta. Hasta el próximo post, que hablará sobre otro tema.