sábado, 31 de agosto de 2019

LA PERSONA MÁS INTELIGENTE DEL MUNDO


Existen dos tipos de personas, los inteligentes y los que creen que la inteligencia no se puede medir. Yo, que tengo un coeficiente intelectual bastante alto, pertenezco al segundo grupo.

En la práctica Inteligencia significa cosas diferentes para diferentes personas, pero a la mayoría le cuesta explicar por qué sin apelar a vaguedades tipo "porque es cultural", "es complejo de medir", "hay miles de inteligencias posibles". En general éstas son algo posturas hipócritas: se niega la inteligencia cuándo se habla conceptualmente de ella, pero la misma gente es capaz de diferenciar sin inmutarse gente "inteligente" de la que no lo es. Tan obvia es la tarea que ni siquiera tenemos que pensar una definición para catalogar individuos en esa escala.

Si bien existen métodos diferentes para medir la inteligencia, el más utilizado es el coeficiente intelectual (IQ), basado en una serie de pruebas que evalúan habilidades como matemática, espacial, verbal, lógica y memoria. Los resultados se muestran mediante la distribución clásica de  campana Gauss.

El concepto de inteligencia general (g) fue presentado por primera vez por un psicólogo inglés llamado Charles Spearmen a principios del siglo XX (digamos que la contribución de Spearmen fue seminal). Por supuesto, hay mucho indignade con las teorías de Spearman, por su simplismo y porque sugiere un determinismo biológico (también se ha dicho, con razón, que está sesgados culturalmente). 

La inteligencia de g se relaciona con la capacidad mental general de aprender y aplicar el conocimiento para manipular el entorno, así como la capacidad de razonar y tener un pensamiento abstracto. Pero hay otras definiciones de inteligencia como la adaptabilidad al entorno, la capacidad de evaluar y juzgar, la capacidad de comprender ideas complejas, la capacidad de pensamiento original, la capacidad de aprender rápidamente y aprender de la experiencia, e incluso la capacidad de comprender las relaciones. 

El psicólogo Howard Gardner propuso la teoría de las inteligencias múltiples y afirma que el concepto se puede dividir en 8 componentes: lógico, espacial, lingüístico, interpersonal, naturalista, estético, musical e intrapersonal. Por lo tanto, cree que las pruebas de IQ estándar se centran en ciertos componentes, como lógico y lingüístico, e ignoran por completo otros igualmente importantes.

En lo que hace al determinismo biológico, la gran pregunta es si la inteligencia es "hereditaria". En una encuesta de Robert Plomin a 2.000 docentes primarios, todes reconocieron tan importantes el entorno como los genes. Y los experimentos indican hasta ahora que, tal como ocurre con varios otros aspectos cognitivos, algo menos del 50% de la variabilidad en la inteligencia de los individuos se debe a la naturaleza. Y por supuesto, dejémosnos de joder con que estamos buscando "el gen de xxx", porque los genes no funcionan aisladamente, ni entre ellos ni respecto de su entorno.

Es entonces el IQ una medida confiable? Algunas pistas sugieren que no es inútil: la inteligencia medida así se muestra robusta a diferentes especificaciones, estable en el tiempo, y predice bastante bien cómo te va a ir en la vida. Nada mal para empezar.

Para terminar, revelamos el interrogante que da título a este post. La persona más inteligente de la historia del mundo es John Von Neumann. Que pase a retirar su premio.



sábado, 24 de agosto de 2019

FRUSTRACIONES DEPORTIVAS



¿Cuál es la peor frustración que puede sufrir un/a deportista? Voy a tirar algunas posibilidades que se me ocurren, porque no es nada claro cuál es la peor.


Primero, la que parece más obvia es no ganar nunca. Pero claro, se puede perder porque las demás son mejores, o salir segunda de un torneo entre muchísimas jugadoras. La máxima de Bilardo de que nadie se acuerda del número 2 es falsa de falsedad absoluta, y la mar de las veces es un resultado reconfortante. Por otra parte, en competencias grandes podría implicar ganar mucho dinero. Definitivamente, esto no es lo peor que puede pasarte.

Segundo, salir siempre última, cualquiera sea el torneo que juegues. Frustrante pero poco racional. Siendo la peor siempre tenés la alternativa de dedicarte a otra cosa. Podría ser bastante frustrante, sin embargo, si te encanta ese deporte, pero me resulta un poco raro que a alguien le guste algo para lo que no es mínimamente capaz. Situación mala, pero me suena poco común.

Tercero, perder siempre pero por poco, es decir, por mala suerte. Siempre hay alguien en la cola de la distribución, y podrías ser vos. Sos buena, casi ganás, pero te faltó el golpe de suerte, la suerte de la campeona. Por supuesto, tampoco es necesario estar REALMENTE en la cola de la distribución, basta con que te lo creas para frustrarte bien. Esta posibilidad compite entre las peores.

Cuarto, perder por falta de estrategia. Acá no solo sos buena, sino que TE SENTIS mejor que tu rival. Pero tu adversaria usa mañas para ganarte: te busca los puntos débiles, explota tu psicología y hace todo tipo de artilugios para que pierdas solita. Creo que bien podría ser el caso de Gaudio (en algunos partidos), o del Barcelona (en varios partidos). De las más frustrantes que conozco. 

Conclusión

No sé bien qué opción elegir, y posiblemente haya muchas más para analizar. Pero mi sensación teórica es que, como siempre, las peores frustraciones parecen producirse cuando se produce un choque entre tus expectativas y la realidad (grande Heymann!). Si sabés que sos mala y perdés, no pasa mucho, pero si sos mejor o te creés mejor, perder frustra. 

Y quizás lo que más frustre es no poder decir muchas veces seguido la palabra frustra sin mandar fruta.



sábado, 17 de agosto de 2019

EMITIENDO ELECTRICIDAD


¿Cómo opera exactamente el mecanismo de la emisión a los precios? Pregunta relevante si las hay, y sin embargo poco atendida por muchos. En este post quiero concentrarme específicamente en la posibilidad de que una política de emisión cero termine forzando una desaceleración de la inflación.

Decisores

Primero, no inventemos fantasmas. En los mercados formales, la enorme mayoría de los precios no los determina una entidad abstracta, sino cada uno de los que tienen algo para ofrecer. No digo que el oferente defina solo el precio final de venta, pues si al final del día no vende nada, quizás lo modifique. Pero en cualquier caso, ALGUIEN debe cambiar ese precio y poner alguno que finalmente concrete la venta. Llamemos a este "el definidor".

El definidor enfrenta un dilema. Si aumenta puede no vender, pero los costos le suben y si no aumenta pierde plata. Es necesario distinguir ambas señales y poner "el precio justo". Cuando la inflación es alta y volátil, la solución a este dilema es simple: se privilegia la suba de costos o el "precio sugerido" por el proveedor, porque la información sobre la demanda llega más tarde y es difícil de estimar.

Emisores

Ahora imaginemos a la Sra. Banco Central tratando de bajar la inflación emitiendo menos. Presuntamente tiene que lograr que los que "definen los precios" dejen de remarcar. En términos de nuestro ejemplo, convencer al definidor de precios de que no es una buena idea que siga a los costos.

Con menos liquidez, por supuesto, la demanda sufre, y por lo tanto el definidor comenzará a dudar entre si seguir a los costos o "aflojar un poquito" con el markup. Si todos hacen más o menos lo mismo, la inflación debería ir cediendo.

Esta lógica de decisión de precios implica inercia, y esa inercia depende de cuán seguro esté el definidor de 1) que está perdiendo clientes y 2) que el resto está haciendo lo mismo (si no, la infla sigue y él se queda solo y no recupera la guita).

Milgram

Por supuesto, a medida que pasa el tiempo y nadie vende nada, debería empezar una tendencia a la desinflación. El precio con sangre entra y ante la desesperación, liquidar los stocks con precios más bajos parece la única opción.

Pero la relación entre tortura y la toma de ciertas decisiones debe ser tomada con pinzas. Ante la posibilidad de perder todo a un precio completamente inseguro y quizás demasiado bajo, el vendedor podría preferir cerrar el negocio y esperar. Otros podrían decidir ("erróneamente") subir los precios para "compensar las pérdidas". En situaciones de stress e inflación variable, este tipo de reacciones equivocadas puede ser común. Y no sería raro que la recesión desencadenara comportamientos no cooperativos, como intentos de engañar o de ejercer poder de mercado sobre los clientes y los proveedores.

La idea de que el sufrimiento trae beneficios está arraigada, y quedó bien ilustrada en un experimento llevado a cabo por Stanley Milgram en 1963. Allí se le decía a la gente que debía aplicar shocks eléctricos a sujetos para que aprendieran a recordar respuestas correctas de un test. Si bien el experimento tenía otro objetivo (mostrar que la gente  común podía electrocutar hasta matar si se lo pedían), pocos dudaron de que castigar al que se equivocaba podía ser una forma de aprendizaje.

En economía, la lógica Milgram está vivita y coleando. Se asume que en una tortuosa recesión los agentes aprenderán a reaccionar hacia donde los modelos predicen, esto es, con total racionalidad. Pero lo cierto es que si nos pasamos de rosca, como con el experimento eléctrico, casi cualquier cosa puede pasar.

Por supuesto, a la larga el "aprendizaje" podría producirse igual. Cuando nada queda en pie, tarde o temprano los individuos terminan por liquidar lo que tengan al precio que sea. En Milgram, la muerte de los electrocutados significará que nadie más se equivoca. En la economía, cuando no queda nadie en el mercado solo vas a registrar a los que "bajaron los precios". En ambos casos, dejaste un tendal.

La esencia de la política económica no puede ser presionar hasta las últimas consecuencias. La búsqueda de la desinflación mediante políticas extremas crea un sendero necesariamente lento y tortuoso que deja a muchos por el camino. Por eso, actuar moderadamente en estas cuestiones es casi siempre una alternativa recomendable.

domingo, 11 de agosto de 2019

NO AL LIBRE COMERCIO, SÍ A LAS CRISIS FINANCIERAS


Quizás inspirado por la fantástica serie Years and Years, Chris Dillow posteó en mi blog favorito un artículo que comienza con un interrogante planteado por Dani Rodrik (un gran preguntador): por qué la gente se queja más del libre comercio que de las crisis financieras? La intención de la pregunta es clara: la gente es capaz de votar a gente que le asegura proteccionismo y, al mismo tiempo, jugar a la timba financiera con consecuencias potencialmente desastrosas.

Dillow cita tres razones por las cuales esta actitud le parece especialmente desconcertante. Primero, los crisis financieras son mucho más costosas. Segundo, que en la práctica pocos simpatizan con el sistema financiero. Y tercero, que los perjuicios de las crisis financieras se sienten directamente (no solo vía el "riesgo moral" del too big to fail).

Y a continuación, Dillow propone cuatro razones para explicar este comportamiento. Primero, la admiración a los supuestos magos de las finanzas y a sus trajes, un respeto bien reflejado en la peli Wall Street. Segundo, resignación. "Estamos en el baile, no hay nada que se pueda hacer. Tercero, nadie ve los contrafactuales, y por lo tanto no se calcula cuánto mejor nos hubiera ido sin la crisis de 2009. Y cuarto, la gente es un desastre conectando hechos económicos. Por ejemplo no logra asociar el largo estancamiento de los salarios reales con el endeudamiento y la posterior crisis.

Acuerdo 100% con Dillow, pero a esta lista de sesgos de conducta quisiera agregar uno que (extrañamente) parece haber pasado por alto. Las crisis financieras ocurren luego de una burbuja especulativa. Y de una u otra manera, todos nos "beneficiamos" durante esos momentos de pizza con champagne (con burbujas). El problema es que cuando todo va bien nos creemos unos genios de las finanzas, pero cuando todo se cae le echamos la culpa a alguna institución o grupo (Estado, Bancos, especuladores), no a un fenómeno emergente del sistema. Los momentos de recuperación financiera constituyen una oportunidad para tomar revancha y, esta vez sí, zafar para siempre. 

El libre comercio, en cambio, no otorga esas oportunidades de corto plazo. Sus ventajas son mucho más efímeras. Solo nos permite comprar un poco más baratas las zapatillas importadas (un gasto que hacemos muy de vez en cuando). A cambio, el libre comercio nos expone a la competencia extranjera y nos pone en riesgo de perder el empleo en cualquier momento.

Luego, en esta predilección popular predomina la seguridad de los ingresos corrientes más la jugada a todo o nada con los ahorros (el equivalente financiero de la propensión incontrolable a jugar y apostar de los humanos), que la seguridad de los ahorros y el riesgo de perder el trabajo a mano de un chino.      

miércoles, 7 de agosto de 2019

MESSI Y EL CLUB 700


Messi, esa máquina perfecta de desplegar fútbol como lo definió Dolina (casi mejor definidor que la pulga), está a punto de entrar al Club 700. No, no se trata de que se hizo religioso y va a ingresar al Club del infame Jimmy Swaggart

Messi está a punto de concretar 700 goles en su carrera, al menos si se mide de acuerdo al criterio de cálculo más que respetable de Martín Estévez, un periodista que se ocupa de actualizar esta estadística en un post originalmente publicado en 2012. 

El Club 700 corresponde a los mayores goleadores de todos los tiempos. Según Estévez, esta es la lista hasta fines de julio:


Lo primero que salta a la vista según esta métrica (ver detalles en el post original) es que los 1000 goles de Pelé son un mito. No solo eso, Pelé ni siquiera es el mayor goleador de la historia, sino que va tercero.

Lo segundo que surge es que Romario, el más grande hasta ahora, se retiró luego de 23 años de profesionalismo exactamente luego de haber superado por un gol al héroe checoeslovaco Josef Bican. Como si hubiera conocido esta medida, no?

De la lista, los únicos que siguen en carrera para destronar al chapulín son Messi y Ronaldo. Leo le lleva un solo gol a Cristiano, aunque con la ventaja de tener un par de años menos de carrera. Por año jugado, por lo tanto, Messi es el mayor goleador de la historia (entre quienes tienen más de 400 goles).

Todo apunta a que tanto Messi como Ronaldo van a pasar a la punta, salvo que les pase algo muy malo desde lo físico. La corona histórica, por muchos años, quedará entre ellos dos.


sábado, 3 de agosto de 2019

DILEMAS DE GENERO


El domingo pasado publiqué en el AlterEco de La Nación una nota sobre zorros y erizos. Lo que el público quizás ignora es el dilema de género que tuve que pasar al escribirla.

Para empezar, no sé si notó, pero mi preferencia entre estos dos simpáticos animalitos tornan a favor del zorro. Quizás es porque no me va la nerdeada matemática (ni me sale muy bien), o quizás porque mis intereses son relativamente generalistas, lo que coincide con la versión de economista representada por Diego de la Vega.

Al mismo tiempo, una cosa que intento cuidar (reconozco que sin demasiado éxito) en mis escritos son los aspectos de género. Trato de evitar los adjetivos puramente masculinos y, si bien no uso mucho la terminación "es", a veces lo hago porque no hay más remedio, y me parece lo más justo. Lo mismo pasa con los ejemplos y los pronombres que uso para ellos. En lugar de usar el ejemplo con un "él", trato de hacerlo con un "ella". 

En el caso de la nota, sin embargo, verán que comienzo con unos padres que preguntan por la profesión de su hijo varón. Machirulo y no deconstruido. Pero la verdadera historia es que la primera versión de la nota contaba el caso de una niña, no de un niño. 

Y aquí el dilema. La nota devela cierta preferencia contra la especialización y a favor de las generalidades. Al momento de cerrar el artículo, entonces, mi conclusión debía sugerir que los padres debían recomendar a su hija no ser un erizo, sino más bien una...

En fin. Elegí la versión menos problemática y sacrifiqué el ejemplo en favor del mal menor. Creo...